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lunes, 30 de agosto de 2010

Mi verano


Parece ser que sí. Definitivamente, rápidamente avanza. No consigo detener el tiempo. Mi tiempo se marcha. No son las vacaciones, no solo es eso. Cada verano es mi verano, necesito la luz, necesito del sol, del olor imprescindible de las mañanas. Mis sonidos, el rumor, las risas, las confidencias. Mi tiempo, para mí, y para los míos. Mis viajes, y mis ganas de vivir.

No. No me voy a deprimir. Ni quiero ni debo, pero tampoco quiero utilizar mis días en recargar pilas ¿Qué pilas? ¿Para qué? ¿Qué es lo que merece que mis deseos, mis gustos y mis pensamientos sean entregados a esas rutinas esclavizantes e interesadas que me esperan durante otro largo año? No, todo eso no lo regalo.

Disfruté de este verano, mucho más movido que los anteriores. Me gusta viajar, una de mis grandes aficiones, afortunadamente tengo una persona a mi lado que comparte mis gustos y que también favorece y fomenta lo que son mis pequeñas locuras de verano.

Me perdí en la mejor puesta de sol que haya visto nunca en la playa del Palmar de Vejer. Es mi preferida. Me ilusioné con la gente que más quiero en Los Caños de Meca. Me sentí caprichosa mirando “La pequeña Lulú” el mejor bar de copas en La Breña. Me volví a enamorar en Bolonia, contemplando la inmensidad del Estrecho. Rememoré la batalla de Chiclana en sus lomas. Lloré frente al faro de Trafalgar, como casi siempre. Reí a mandíbula batiente en Sancti-Petri, y me enredé entre la multitud por las calles de Tarifa.

Casi tuve que enfadarme para hacer mis escapadas hacia el Norte. Cada verano tendemos a complementar nuestro viaje grande al sur con esas salidas imprescindibles para mí. Pasé frío. Quien lo diría en este caluroso verano, pero me daba igual, porque sabía que esa humedad y frío eran algo transitorio. Han sido escapadas fugaces. No cambiaría los pinchos de Vitoria, la inmersión maravillosa en la Euskadi más profunda y desconocida. Mis paseos por Gijón o el fantástico deambular bordeando la bahía de Santander.

Los días tranquilos en mi casa madrugando para que sean más largos, apurando cada minuto, los segundos. Mis noches de desvelo, sin agobios, sin nervios porque daba igual. Al día siguiente, me decía, estaré también aquí, media vuelta y la radio bajo la almohada. Desde ahí pude escuchar las noticias de actualidad antes que otros, programas de radio que desconocía que existiesen, músicas nuevas para mí. De una de esas noches os dejo a este fantástico pianista; Herbie Hancok, que reunió a un grupo de grandes artistas para interpretar en un trabajo llamado Imagine Project. Aquí os lo dejo, me ha encantado.







martes, 23 de marzo de 2010

El jardín de las Hespérides ( 2ª parte)


Calles empinadas, estrechas, azul y blanco, blanco y azul, una mirada esquiva en la ventana de alguien que nos vigila. Susurros, palabras ininteligibles, un niño jugando en la calle, otro montando en bicicleta.

-Eritia hasta aquí, no más, estás entrando en la Medina….vayamos al zoco, ya volveremos.

Al intentar volver por nuestros pasos, las calles habían cambiado, azul , blanco y ocre, el color de la tierra, olor a hierbabuena y a cal, los sentidos se agudizan y el olfato trae, poderoso, los recuerdos vividos……

Sabemos que estamos muy cerca.

-Un intento más y lo dejamos, dije.

La mirada esquiva ya no era tal, había grupos de personas que nos miraban con descaro y sabíamos que hablaban de nosotros.

Mi hijo bajaba la cabeza, podía oir como latía su corazón.

Los niños que antes jugaban en la calle sin prestarnos atención ahora nos seguían, a tres pasos nuestros, realizaban nuestros mismos movimientos tímidos, paraban cuando parabamos, andaban a nuestro ritmo….

- Miguel, creo que estos niños quieren jugar contigo, hazles un gesto de complicidad, sonríeles y espera su respuesta.

- Mamá por favor haz caso y salgamos.

Y allí apareció otro Miguel, sonriente bajando en bicicleta con la bolsa cargada de naranjas colgada del manillar, que nos llevo directamente y a paso rápido en busca del objetivo.



Sus ojos mirando al mundo eran los mismos que yo conocía tan bien, tres pasos más y a la izquierda, ya está, las gitanillas colgando de la ventana, la torre con el minarete mirando al puerto… la casa donde nació y vivió su padre, las emociones a flor de piel y la mirada esquiva de calles atrás, se convirtió ahora ya segura de que nadie podía andar por allí, si no fuese porque buscaba algo. Se acercó y preguntó.

-¿Quién eres?
-¿Quienes son tus padres?

El resto ya lo podrán imaginar, los grupos de mujeres ya se hicieron ahora visibles, hospitalarios y cercanos, como son ellos. Los recuerdos que no eran míos nos inundaron a los tres.

Miguel, jugó con los chavales, cogió sus bicicletas y se movió por esas calles que al principio se nos resistían como si hubiera nacido allí…

Mi marido se reencontró con los momentos vividos y yo, abracé esta tierra como mía, tan mía que cuando tuve que elegir mi nombre para este espacio elegí el nombre del mejor jardín de Larache: El jardin de las Hesperides.


Fueron tres días inolvidables para todos, sentimos de una manera especial el participar en la cultura y las esencias de esta histórica ciudad, viva, muy viva.


-Hassan te equivocaste de hora, nuestro barco sale a las ocho de la tarde y son las once de la mañana.

- No, no equivoco, quiero que tu tranquila, llegarás a la hora al barco, yo espero, no problema.

Hassan esperó por nosotros hasta las seis de la tarde sentado en la terraza del hotel España.

Miguel en la despedida giró su cabeza mientras decía adiós a sus nuevos amigos y comentó lo rápido que había pasado el tiempo. El sol en esa tarde de primavera bajaba hacia la línea que separaba el mar atlántico de un cielo dorado.


Larache.

Bella y esbelta
mirando a su delta.
De peineta sus alminares.
Su rostro, por Helios besado de día
y de noche alabado por Selene.
En su pecho, amor eterno
y mezcla de confesiones.
Su falda de jardines.
Un pie en frondosa tierra
y el otro, en azul de los mares.
En las Hespérides su templo de flores.
En los meandros de su río,
el camino de las veleidades
De allende los mares.
Esta es nuestra villa,
esta es mi Larache.

Mohamed Sibari (poeta y escritor en español de Larache)


-

lunes, 22 de marzo de 2010

El jardín de las Hespérides (1ª parte)




Tarifa 8.00 am

Decidimos coger el primer ferry de la mañana con destino Tánger, tan solo catorce kilómetros separan dos mundos. Treinta minutos en el estrecho, alternativa de vida para tantos, cambios profundos para otros y emociones garantizadas para todos.

Nos dirigíamos a Larache una pequeña ciudad al norte de Marruecos en la costa atlántica.

La mañana, recién llegada la primavera, aparecía cálida, con un viento del sur suave y buenas condiciones en el estrecho. Dispuesta a realizar parte de la travesía en el exterior me situé en cubierta a sabiendas de que el viento en cuanto nos alejáramos un poco de la costa empezaría a ser molesto.

Eritia se siente bien en esta tierra, forma parte de ella, ella es Eritia, abstraída en su propios pensamientos miraba al Grande situándose en el borde buscando, buscándose, a la izquierda las columnas de Hércules, mi padre, a la derecha mi jardín mi casa Eriteia y camino del Atlas,

Regresé al mundo real cuando una enorme ola salpicó mi cara y mi hijo tiraba del chubasquero para decirme que estábamos dirigiéndonos a la bocana del puerto de Tánger.

Esta vez era una visita especial estaríamos tres días en Larache, una ciudad no incluida en los circuitos turísticos, preparaba yo a mi hijo para lo que iba a vivir, sabía que el choque sería fuerte, abandonaría por unos días la vida cómoda a la que está acostumbrado, a cambio, descubriría que existen otros mundos, otras gentes, otras culturas y algo más…

Primera sorpresa, suena el móvil, en el puerto nos esperaba una persona a la que no conocíamos y con la que solo nos unía una conversación en red a través de una asociación y una llamada de teléfono.

- Llevaré gafas de sol y una gorra marinera azul marino, yo os encontraré.

Trabajaba en un Ministerio de Marruecos, y dejó momentáneamente su trabajo para recibirnos, y buscar a alguien de su confianza que nos llevara en taxi hasta Larache, el arregló todo, el viaje, el importe. Todo. Gracias Sam , en el rico Norte no estamos acostumbrados a tantas atenciones ni tenemos asumido ese concepto de la hospitalidad.

Hassan nuestro chofer y guía tenía su coche brillante, recién lavado, al principio distante, una vez que iniciamos el viaje fue relajándose, al tiempo que nos hablaba de sus costumbres, de su trabajo, de la pobreza en la que vivía su país, nos dio un paseo de una hora para realizar la ruta por la costa y mostrarnos su orgullo de pertenecer a éste país.

Hotel España, Larache. Mediodía. Plaza de España, ahora, Plaza de la Liberación, centro neurálgico de la ciudad, blanca y azul, habitación con balcón a la misma como habíamos pedido. Terrazas llenas de ciudadanos que nos contemplan, auscultan, revisan, se preguntan en definitiva que hacemos allí. También se lo empieza a preguntar mi hijo, el tiempo ha empezado a detenerse.


-Cuantos días dices que vamos a estar aquí? Pregunta

-¿ Y que vamos a hacer todo este tiempo?

El panorama ciertamente no era muy alentador para un chaval de doce años, se sentía nervioso, inseguro, empezó a contemplar la pobreza, protestas.

Buscamos un restaurante que nos habían recomendado, abrieron creo que solo para nosotros, pedimos situarnos en una mesa al lado de una ventana frente al mar, imponente.

Durante la comida, estupenda, mi hijo no pudo más y comenzó a llorar en silencio, ese llanto que te llega al alma porque no conlleva protesta, ni ira, y a mi se me vino el mundo encima, empecé a pensar que me había equivocado.

Acabamos tomando el postre en la terraza de una cafetería más “occidental” para que se sintiera un poco mejor,

- Hummm...... este zumo de naranja es el mejor que he tomado jamás, ¿puedo tomar otro?

- Ya sabes que tu padre dice que son las mejores naranjas del mundo, claro que puedes Miguel.

En el segundo zumo, el chico que atendía nuestra mesa, ya sabía que mi hijo se llamaba Miguel ,y cada vez que volvimos por allí, que fueron bastantes ya no preguntaba, solo decía “ Zumo de naranja para Miguel”. Es el trato, la cordialidad y una sonrisa la que empieza a obrar el milagro de la confianza, por encima del status, por encima de las diferentes culturas.



Seguira...

martes, 8 de septiembre de 2009

LA CITA DE MI VIDA



Habíamos quedado a las seis de la tarde, yo estaba muy nerviosa por el hecho, llevaba varios días esperando esta cita pero por distintos motivos tu habías tenido que retrasarla , supongo que no estabas suficientemente preparado. Llevábamos varios meses intentando conocernos, habíamos practicado distintas formas de comunicación, pero nos faltaba lo más importante vernos e identificarnos, no sabíamos si nos íbamos a gustar aunque yo presentía que si , que aquello podía funcionar. Estaba tan nerviosa y había fantaseado tanto con el momento que sentía miedo de mis reacciones y mi comportamiento.

El sitio elegido era público naturalmente, había bastante gente a mi alrededor, empecé a mirar el reloj, parece que se retrasa, yo había sido muy puntual, tal vez demasiado, dudas de nuevo, tal vez soy un poco imprudente, Por fin llegaste, las seis y diez, me gustaste a primera vista, pero necesitaba contemplarte un poco mas de cerca, había demasiada gente en torno a nosotros y yo sentía que nos escrutaban, miradas, comentarios, el mundo seguía con su ritmo normal, pero nosotros iniciamos una comunión extraña. Poco a poco la gente se fue yendo y nosotros lo agradecimos.

En aquel momento decidí que en la vida hay que ser valiente, y que a veces solo existe un momento y ese, hay que aprovecharlo. Fui osada lo reconozco, aposté fuerte e inicie una conversación tan intimista que creo que te asusté, me miraste con tus hermosos y enormes ojos y me regalaste tu mejor sonrisa.

Era mi hijo y acababa de nacer , Septiembre 1995 seis y diez de la tarde. Ni un solo día de tu vida has dejado de enamorarme, cada día me has regalado un beso, una sonrisa, un gesto , una mirada, una complicidad. Sin duda fue la cita de mi vida.