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viernes, 9 de abril de 2010

Viva Antonio



Esta noche se celebra un concierto homenaje, “Viva Antonio”, al gurú de la música española Antonio Vega. Una veintena de amigos se reunen para interpretar sus canciones.

En Mayo del año pasado se nos fue. El veneno que le acompañó y del que no consiguió liberarse, los demonios que la vida le puso delante a los que él, no pudo, o no quiso esquivar.

Su música era poesía o al revés.

El éxito y el fracaso. Los ochenta le llevaron a lo primero, y la siguiente década se lo quitó. Con su imagen totalmente deteriorada, subido al escenario, cada vez más pequeños, pero arropado siempre, siempre, por sus incondicionales, los que le quisimos tal y como era. Parecía que solo ahí encima de las tablas era el único sitio donde se encontraba, dónde vivía ese ratito, para irse de nuevo otra vez.

Musico excepcional, compositor y sobre todo, poeta. Poeta de la vida.

Me gusta, siempre me gustaste, te leí y te escuché y aún siento un escalofrío cuando te recuerdo o te escucho.

“Voy a dedicaros una canción a todos los que me habéis estado siguiendo” dijo en uno de sus conciertos y comenzaron a sonar los acordes de La chica de ayer.




Y una de sus mejores letras dedicada a Marga de su disco 3000 noches con Marga su amor que se fue antes que él.

Por alcanzar su amor
tres mundos recorrí.
El mundo de los niños,
el del loco
y el que acaba por venir.

Si alguna vez dudé
de ser un ganador,
hoy sé que a tu lado
jamás fui un perdedor.

Lo que la vida nos dió
ni la distancia ni el tiempo nos lo quitó,
pues de los dos nació
la Historia de la Tierra y de Orión.

Por dentro nuestro hogar,
por fuera de los dos;
por dentro los amigos,
por fuera alguien de más.

Al mundo he de contar
hasta perder la voz
que un ángel vino desde Orión
Marga, mi ángel, y yo.

Lo que la vida nos dió
ni la distancia ni el tiempo nos lo quitó,
pues de ellos dos nació
la Historia de la Tierra y de Orión.
Marga, mi ángel, y yo.
Angel de Orión. Antonio Vega

miércoles, 2 de diciembre de 2009

LA VEJEZ



Ayer, caminando por estos lares, leí un post sobre la vejez, y lo que ocurre es que el dedicarse a pasear y leer a tan distintos autores, provoca una amplia y variada reflexión sobre los distintos temas tratados.

Considero que la vejez tiene poco que ver con la edad, tiene que ver más bien con la mentalidad y con la propia personalidad de cada cual. Cada vez más, la vejez tal como la contemplamos en nuestra sociedad, es una actitud. Bien es cierto, que la salud y los “achaques” si se corresponden habitualmente con la edad, pero incluso esos achaques tienen mucho que ver con la manera de entender la vida.
Retomando el origen de este post, decía, que me hizo reflexionar sobre este asunto, no he tenido muchas oportunidades de convivir con personas que hayan llegado a la vejez, ya que mis padres, se fueron muy jóvenes, pero si he tenido la gran suerte de vivir de cerca esa etapa con mi suegro.

Hoy te he recordado de manera continua.
Decía, que pienso en la vejez como una actitud, jamás podré olvidar como con 80 años enseñaste al peque a tirarse de cabeza en la piscina o jugar al futbol con él, enseñarle a regatear, a celebrar los goles de tu nieto como si fueras uno más del equipo de alevines. O el estar siempre dispuesto para salir de viaje, a tomar unos vinos o comer en un restaurante.

A no perder jamás el sentido del humor y a reirte de ti mismo minimizando incluso los achaques típicos.
A pensar que los viejos siempre son los demás, aunque tengan 30 años menos que tu.

A la ternura de tus abrazos o las bromas que nunca dejaste de gastar. A enseñar a cada uno de nosotros que la vida esta en el día a día y en nosotros mismos. A disfrutar con los momentos presentes porque esos no vuelven y a pensar que tal vez el futuro no exista, pero que tiene que dar igual, porque tengo el hoy.

Paco, hoy estés donde estés, un beso, miles de gracias y como tu dirías un vinito a tu salud.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

miércoles, 21 de octubre de 2009

QUIEN ME HA ROBADO EL MES DE ABRIL?

Hace muchos años alguien muy cercano a mí me regalo un disco de Joaquin Sabina con una dedicatoria “para mi pequeña princesa”, yo tenía poco que ver con la princesa de Joaquin Sabina en aquella canción y nada habia de semejanza entre ella y yo, pero ese disco de los ochenta ha sido posiblemente el disco al que mas he recurrido a lo largo de toda mi vida y el que mas veces sonó en mi casa, a partir de ahí toda la discografía de Sabina la he comprado y la he escuchado muchas veces, cierto es que sus letras son recurrentes, que su música varía poco de unas canciones a otras pero Joaquin me atrapó, con su reflejo de una sociedad al margen, con su aire canalla y seductor aún hoy me gusta.


Esta mañana ocurrió algo, una persona que conoce mi gusto por la música de Sabina me ofreció dos entradas para verle en el próximo concierto que dará en mi ciudad con motivo de la presentación de su último disco. Yo he rechazado esas entradas, hace tiempo otro gran concierto de Sabina en mi ciudad coincidió con los dolores del alma que uno acarrea en su interior y yo sentí que no podría volver a escucharle en mucho tiempo. En mi casa y en mi coche no ha vuelto a sonar un disco tuyo.


Hoy no puedo quitarme de la cabeza alguna de las estrofas de las mil veces tarareadas canciones tuyas y no he podido reprimir una lagrima por los recuerdos.


Joaquin no sabes como me gustaría escucharte de nuevo, verte sobre un escenario y sentir y soñar como lo he hecho tantas veces, pero aún no puedo oirte sabes es que a mí también me robaron el mes de abril y en ese mes sin quererlo estabas tú.


miércoles, 7 de octubre de 2009

MI VOLVO Y YO



Ya en mi perfil comenté que uno de mis gustos eran los coches, así es, me gustan, una de mis mayores ilusiones de adolescente era el pensar como sería mi primer coche. Me saque el carnet de conducir el mismo día que cumplí 18 años. A lo largo de mi vida he tenido la oportunidad de tener varios coches, ya que por motivos familiares siempre ha habido dos en casa.

Tradicionalmente, cuando cambiamos los coches y debido a esa afición mía, siempre he sido yo quien sacaba el coche del concesionario y daba el primer paseo con él, iniciábamos un vínculo entre ambos que hasta ahora ha sido satisfactorio.

A veces, me he sentido tan vinculada a mi coche, que, en el momento de venderlo me costaba tanto separarme de él, que he llegado a llorar por la separación que se producía entre nosotros, cosa que, cuando lo cuento por ahí no es fácilmente entendible, ya que todo el mundo siente alegría por el coche nuevo recién adquirido y olvida rápidamente el anterior. No es mi caso, cuando eso ocurre me embarga durante cierto tiempo un gran desasosiego y suelo repasar largamente los momentos que ambos hemos vivido juntos. Inicio un dialogo con él hasta que llegamos a un pacto de separación amistosa que me proporciona la tranquilidad necesaria para empezar un nuevo romance. Quedamos como dos grandes amigos que se han querido y compartido mucho. A partir de ese momento, comienza de nuevo el ritual de acercamiento, acomodación y emprendemos de nuevo el camino. Así ha sido hasta ahora y de todos ellos guardo un gran recuerdo y mucho cariño. Siempre me han respondido conforme a mis expectativas.

Hace tres años nos enfrentamos a un nuevo cambio, después de dar muchas vueltas tanto a marcas, como a modelos y no con mucha ilusión por mi parte, lo confieso ,se tomo la decisión de que compraríamos un VOLVO, el procedimiento fue el habitual, yo saqué el coche del concesionario y le hice los primeros kilómetros, inicie el protocolo como siempre, le ofrecí todo mi cariño y mi respeto y le pedí a cambio lo que siempre le he pedido a los anteriores.

Reconozco que no lo he conducido mucho, pero siempre que he tenido la oportunidad le he demostrado que aunque en contra de mi opinión le respetaba y le reconocía sus valores, que por cierto son muchos. Sin embargo él se ha portado mal conmigo, supongo que detectó que a otros les he querido más, y decidió jugarme un par de malas pasadas, tal vez no fue su culpa, lo admito, pero ya le he hecho saber que no goza de mi cariño, el lo ha entendido y a partir de ese momento ha iniciado un dialogo sordo conmigo, me ha ofrecido su respeto, ha aceptado su equivocación, e intenta cada vez con más ahínco subsanar su error. No sé si lo hace con sentimiento o simplemente tiene miedo de ser sustituido, supongo, que ha comprendido que no voy a llorar por él cuando lo cambie.